Si me dicen hace 10 años que yo me iba a poner un vestido mono como este, con la espalda al aire y lo hombros al descubierto, no me lo hubiera creído ni en el mejor de mis sueños. Que orgullosa me siento de mi misma y del camino que he recorrido!! ❤️❤️❤

¡¡¡Os muestro este vídeo de hace unos días luciendo espalda a aire y hombros y bailando!!! Y os preguntaréis … y ¿qué tiene esto de especial?

Te cuento:

Mi historia con mi cuerpo se remonta a cuando tenía unos 5- 6 años, no lo recuerdo bien. El caso, es que mi mami me dejo todo el verano con mi abuela en el pueblo. Y mi abuela me lleno con todo su amor y con todos los alimentos de Castilla La Mancha y claro me puse un poco niña bola jajajajaja… Ahora me lo tomo con humor, pero esto supuso para mi un trauma muy importante.

Ni que decir tiene que ni mi abuelita ni mi madre tienen la responsabilidad de lo que después pasó, pero la realidad es que fue una de esas heridas en mi autoestima que más me ha costado restaurar.

Terminó el verano y empezó el cole, y yo con mis lorcillas. Y ahí empezaron los insultos de chicas y de chicos y los desprecios diarios. “Gorda” “Vaca” … esas eran algunas de las cositas que me decían. Sumado a esto yo siempre fui la típica niña buena, que se portaba siempre bien, callaba ante los abusos y abusones y siempre sacaba buenas notas. Por lo que nunca me revelé, me callaba como una niña buena y aguantaba.

Recuerdo los desprecios en concreto de dos de los niños que me gustaron de niña, madre mía donde tenía yo la cabeza. Todo esto fue mimando mi autoestima, mi seguridad en mi misma y creo una profunda desconsideración de mi misma hacia mi cuerpo.

Con la adolescencia esto fue a más y empecé a darme atracones de ansiedad a la par que no me quería poner ni vestidos muy cortos, ni vestidos y monos sin mangas, ni nada en lo que se me viera la espalda. Siempre mis mayores complejos fueron los brazos (me los veía gordos), la espalda y los hombros. Pasé mi adolescencia acomplejada y entré en mi adultez con una profunda falta de amor propio.

Cuerpo templo belleza mujerTuve muchas variaciones en el peso y, de hecho, hubo una etapa en la que engordé bastante. Un día me puse a régimen y ahí comenzó el groso de mi obsesión. Me quede en 48 kilos y aun así seguía viéndome gorda, me quedaba fines de semana en casa porque despreciaba mi cuerpo y no quería que nadie lo viera, cuando hacia el amor con mi pareja no era libre porque me daba miedo que no me quisiera por mi físico, llegue a pesarme tres veces al día, a salir a un restaurante y comer solo lechuga.

En definitiva, me machaque, no entendía bien el significado de la belleza, ni que mi cuerpo era mi templo.

Tenía la autoestima por lo suelos y siempre me exigía ir monísima e impoluta.

He trabajado mucho para aceptar y amar mi cuerpo, para rendirle homenaje cada día y comer lo que me de la gana (cuidándome) sin sentirme mal o culpable, he trabajado en escucharle y sentirle, en amarle y en cuidarle sin obsesionarme. Y ahora me siento libre y sexy, con un kilo de más o dos de menos, con más o menos brazo.

Y esto, esto ha hecho que me pueda mirar al espejo, que pueda decirme cosas bonitas cada día, que me sienta sexy y atractiva y que los demás lo vean así, porque yo lo siento y se lo trasmito.

Pero no sólo eso, aprender a amar mi cuerpo, cuidarlo y aceptarlo ha mejorado muchísimo mi sexualidad y mi sexualidad con mi pareja, sintiéndome libre, segura, femenina y sensual. No teniendo inseguridades, ni pensando que no le gusto. Ahora sé que mi cuerpo es maravilloso y que soy feliz de llevarle.

No es fácil escribir esto, pero lo hago desde el corazón sabiendo que muchas mujeres y hombres se sentirán identificados y podrán sanar sólo de leerlo. Si yo sané mi relación con mi cuerpo, aprendí a cuidarlo, nivelé mi autoestima y seguridad en mí misma y ahora disfruto de mi cuerpo a tope, ¡¡¡tú puedes!!! Recuerda que es una decisión, una decisión lo cambia todo.

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