Recuerdo, perfectamente, como si fuera ayer mismo cuando tuve que elegir mi carrera universitaria y mi “profesión”. Recuerdo cómo, desde hacía muchos años, mi alma siempre me había dicho que mi vocación era ayudar a los demás y mi corazón me gritaba la palabra PSICOLOGÍA.

Del mismo modo, recuerdo como el miedo y la inseguridad (mis grandes saboteadores) y los “consejos” de la gente que decía que sabían lo que era mejor para mí me hicieron hasta matricularme de una carrera en la que sé que no hubiera sido feliz: Administración de Empresas.

Recuerdo ese día de angustia y dolor del alma en el que me levanté de la cama en Irlanda, llorando porque no quería hacer esa carrera. Fue como una de estas cosas que te vienen directas al corazón y que te grita “¿¿QUÉ ESTÁS HACIENDO CON TU VIDA PATRICIA?? En ese momento, se pudo arreglar y, finalmente, hice psicología.

Pero mi miedo, mi inseguridad y mi carencia no desaparecieron, es más, me autoconvencí de que lo mejor para mi era trabajar en empresa, como recursos humanos. Me decía, una y otra vez, que me gustaba. Pero, en realidad, lo que había era mucho miedo a la inestabilidad, a no ganar lo suficiente para cuidar a mi y a los míos (si… yo durante mucho tiempo he pensado en todo el mundo menos en mí, casi pensaba antes en el vecino del quinto que no tenía…) y mucha inseguridad.

Desde entonces hasta que me decidí a ser quien realmente siento que soy, he estado trabajando en recursos humanos (primero exclusivamente y después compaginándolo con mi verdadera misión y pasión). Ni mucho menos me arrepiento, he aprendido, me he desarrollado como personas, he superado muchas de mis creencias limitantes y trabajado a tope mis creencias de escasez económica y mis miedos a no tener dinero suficiente.

sabes lo que quieresPuedo decir que llegué a sentirme bien haciendo mi trabajo, que me gustaba y que no me levantaba todos los días triste. Esto lo puedo decir hoy, tras perdonarme por fallarme a mi misma y tras hacer un profundo trabajo de agradecimiento y aceptación. Pero creo que  es innegable cuál es mi pasión, lo que me hace vibrar y lo que nace de mi corazón: LAS PERSONAS. Soy feliz con cada taller, con cada terapia, con cada acción que hago por y para acompañar a las personas, que son mis verdaderos amores resilientes.

Recuerdo como si fuera ayer la primera frase que dije en la facultad de Psicología de la Autónoma de Madrid:” Estoy aquí para ayudar a las personas” y lo digo con las lágrimas en mis ojos, porque, aunque ha sido todo un proceso, ya sé quién soy y no estoy dispuesta a perderme nunca más.

Hay muchas maneras de fijarnos objetivos desde la mente o desde el corazón. Mi objetivo de trabajar en empresa fue desde la mente y, madre mía, la de sacrificio y lágrimas que me ha llevado. Lo he sacado todo porque a persistente y constante no me gana ni Dios, pero ojo no ha fluido nunca ni pa’ lante ni pa’ tras.

Sin embargo, cuando estás en lo tuyo cuando la meta es del corazón, del alma, cuando de verdad lo quieres, todo se da. Sucede y fluye, con esfuerzo y dedicación por supuesto, pero la vida te va poniendo todo para se genere y se construya, es saber escuchar las señales de la vida.

Y TÚ ¿SABES LO QUE QUIERES?

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